Desarollo y Crecimiento Personal, DESPERTAR DE CONCIENCIA

SIN LIMITES


Este fin de semana mientras hablábamos en una comida con amigos sobre la Superación personal y recordábamos  algunos ejemplos de personas con movilidad reducida  o limitaciones físicas, me venía a la mente  con gran admiración este hombre, a quien he escuchado a través de sus vídeos en Youtube y su web page.

Es uno de esos ejemplos de superación personal que nos saca de nuestro estado “quejica y lastimero“. Su mensaje está marcado por su vivencia espiritual, sin duda alguna es un buen orador y desde su fe transmite un mensaje increíble.  Creo que más allá de que creas en Dios,  el universo o tengas una fe diferente a la suya,  su ejemplo de tenacidad y ganas de nos demuestra de una forma increíble que definitivamente en la vida NO HAY LIMITES, que los limites los ponemos cada uno de nosotros en nuestra mente o en nuestro corazón.

SIN LIMITES

Un poco más de su historia…

Es hombre graduado en contabilidad y planificación, está casado y es un padre amoroso y es un conferencista destacado que ha recorrido todo el mundo con sus presentaciones.  Podríamos decir que cualquiera podría hacer esto, la diferencia es que él  no tiene ni brazos ni piernas y si el ha podido, ustedes también

Vujicic: “La fuerza que tengo hoy viene del dolor de ayer”

Al nacer, los médicos le dieron pocos meses de vida. Si el pequeño Nick sobrevivía, jamás podría caminar y su único destino sería una cama o una silla de ruedas. Pero él hace mucho más que caminar: nada, cabalga, se monta en una tabla de surf y se desliza entre las olas, juega fútbol y golf; fue a la universidad y se graduó en comercio y finanzas; escribe libros, es predicador cristiano y motivador, viaja por todo el mundo, se casó y tiene un hijo… Vive feliz y agradecido con lo que tiene. Ya no reniega por lo que le hace falta.

No siempre fue así. A los diez años intentó suicidarse. No soportaba más el acoso, las burlas y el rechazo de sus compañeros de colegio. No se mató porque no quiso causarles ese dolor a sus padres, a quienes les agradece el amor y que le hayan enseñado que existe un Dios que lo ama y que tiene un plan para él.

“Dios dice que fui hecho de una manera maravillosa, que soy su hijo, que hay ángeles a mi alrededor, que tengo la fuerza porque Él me ama. No es la fuerza de Nick, es el amor de Dios”, dice.

Un ‘fenómeno’ de circo

A Nick también lo conocen por ser el protagonista del cortometraje El circo de la mariposa, en el que representa a un “fenómeno” que se revela tras abrir unas cortinas y al que presentan como “una perversión de la naturaleza, un hombre al que hasta Dios le dio la espalda”, al lado de una mujer barbuda y unas siamesas.

Este video supera los siete millones de vistas y retrata claramente lo que es hoy: un testimonio de superación humana fuera de todo parámetro.

En el clóset de su cuarto, en Los Ángeles (California) –donde está radicado con su esposa y su hijo–, tiene un par de zapatos, símbolo del milagro que esperó durante mucho tiempo: tener piernas y brazos para ser feliz. Hasta que comprendió que su felicidad no podía estar relacionada con esas extremidades ausentes.

“Hay personas a las que no les falta nada en su cuerpo y no tienen felicidad. Lo que busco y necesito es la paz, la fuerza, el gozo, la fe, y esas cosas no vienen por tener brazos o piernas”.

También cree que mucha gente vive en la infelicidad por sus ansias de dinero, poder y reconocimiento.

“Siempre puedes tener mucho más o mucho menos, pero las cosas más grandes en la vida no son las cosas: son Dios, el amor, la familia, y después lo demás”, continúa, y confiesa que lo que más lo sorprende en la vida es conocer a gente que, en medio de su soberbia, cree que no necesita a Dios para vivir.

Nick entra a uno de los auditorios del Club El Nogal, en Bogotá, custodiado por su equipo de trabajo, que incluye fotógrafos, camarógrafos y traductores, y también a su asistente personal –que lo viste, lo afeita, le ayuda a asearse–, como la gran celebridad que es.

La gente le pide tomarse fotos. Dice ‘no’. Él no siempre está dispuesto a tomarse fotos con la gente. Es muy radical con su agenda de trabajo, y trabajo es lo que le sobra. Luce impecable: un short de lino gris y una camisa rosada, obviamente, sin mangas. Pide que les bajen la intensidad a las luces –eso le irrita los ojos– y sus asistentes exigen no usar el flash de las cámaras.

‘La fuerza es de Dios’

Después de un breve resumen de su testimonio, cuenta que no siempre se levanta con una sonrisa en el rostro; que, como todo ser humano, tiene sus altibajos. Que también se deprime y se equivoca. Que no es un superhéroe.

“Pero Dios es grande y uno siempre aprende mucho más de los días difíciles que de los buenos días. La fuerza que tengo en el día de hoy es por el dolor que tuve en el día de ayer”.

Él no cree que sea un milagro, como muchos le dicen. “Todos podemos ser un milagro para otros”. Cuenta cómo muchas personas han desistido de querer suicidarse cuando lo conocen, cuando leen sus libros o miran sus videos en YouTube. Narra también que mucha gente que se sentía derrotada y fracasada ha encontrado una luz cuando sabe que él es capaz de hacer tantas cosas con su cuerpo.

Asegura que Dios no da sufrimiento, que ese lo da el diablo, y habla de la necesidad de perdonar y amar a los enemigos. Eso, por difícil que parezca –afirma– regala paz y rompe cadenas.

El próximo año publicará su tercer libro, esta vez sobre una epidemia mundial que sufren millones de niños y jóvenes y que él padeció: el matoneo. Quiere seguir impulsando su fundación para personas con discapacidad y continuar con su misión de regar semillas de fe y esperanza a la humanidad.

Pero, más que eso, su mayor añoranza es ser un buen esposo de Kanae, la bella mexicanojaponesa que conoció hace dos años y medio –dejó a un novio (con brazos y piernas) para irse con él–, y ser el mejor padre para Kiyoshi, su hijo de siete meses. “Es un bebé sano, hermoso y muy amado”. Quiere otros tres hijos.

Se despide del público y agradece a Colombia por su acogida, no sin antes dejar una reflexión: el gran problema de este país, y del mundo en general, no es la violencia sino la ausencia de fe.

“Cuando tienes una nación que está pasando por tanta turbulencia, nos necesitamos unos a otros, pero necesitamos más a Dios”.

Nick quería cumplir una nueva hazaña: lanzarse por el cable de canopy, en Tobia (Cundinamarca), a 200 metros de altura. Pero decidió cancelar. Nick está cansado.

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