Alquimia, una ciencia perdida


Nostalgias de la alquimia, una ciencia perdida

Semblanza dedicada al profesor musulmán de origen español Abu Omar Yabir por parte de su discípulo Eloy Sanz

Alquimia medieval árabe.

Fuente: http://www.webislam.com/articulos/91935-nostalgias_de_la_alquimia_una_ciencia_perdida.html

Fue la búsqueda de la Verdad y de la Unidad, tras la aparente diversidad de los fenómenos de este mundo, lo que constituía el impulso más profundo que guiaba a Yabir durante su vida.

Es difícil para mí, que fui alumno y amigo, durante diez años, valorar y glosar la figura, en todos sus aspectos, del que fue mi maestro y, tal vez, la persona más importante en todo este tiempo. Lo es, no tanto por el dolor asociado a su repentina desaparición, como por lo polifacético de su personalidad y enseñanza, muy ricos ambos en aspectos profundos y sutiles.

Intentaré, no obstante y, acorde con sus enseñanzas, ordenar el caos de mi memoria y mis sentimientos, para siquiera trazar un perfil, necesariamente pobre y limitado, del que fuera un hombre sabio y de corazón noble y bueno.

Manuel Villar y Gil que tras su conversión al Islam, adoptó el nombre musulmán de Yabir, nació en Jaén el 29 de marzo de 1953, de familia muy relacionada con el mundo de la medicina; du su padre era prestigioso oftalmólogo.

Sintió desde muy joven una atracción muy profunda por el conocimiento de las causas verdaderas de la Naturaleza y de la Vida, lo que hizo que, desde muy temprano, se sintiera especialmente atraído por la antigua alquimia, así como por las culturas y formas de pensamiento que se han ocupado de romper el velo de las apariencias y buscar las razones detrás del mundo fenoménico. Entre estas culturas, tuvo especial predilección y estudió en profundidad el antiguo saber de Egipto.

Ya de joven estudió filología semítica, considerando que en estas antiguas lenguas y sus culturas, encontraría las claves del “saber primordial” que buscaba.

Posteriormente inició los estudios de medicina, siguiendo la tradición familiar, estudiando todas aquellas materias que le ayudaban a profundizar en su visión alquímica y, por lo tanto, el enfoque unitario del universo y del hombre. Se dio cuenta de que la medicina académica de occidente no respondía a su necesidad de armonía entre el hombre y el cosmos.

Abrazó el Islam al morir su padre y tomó el nombre de Yabir, tal vez en honor de uno de los más grandes alquimistas de la historia de la alquimia, que se llamó Yabir Ibn Hayyan, que fue, también, gran filólogo y estudioso de los aspectos esotéricos del árabe y de las lenguas en general.

Terminó la licenciatura y el doctorado en filología semítica en la Universidad de Granada, siendo su tesina un estudio sobre la medicina y la magia en Argelia. Su tesis doctoral versó sobre distintos aspectos de la alquimia. Fue profesor de civilización española en Argel y bibliotecario de la facultad de Medicina en Granada. Posteriormente realizo estudios en Alemania sobre métodos alternativos de sanación.

Tras profundas investigaciones sobre la medicina de la época del Al-Andalus, basados en el estudio de textos médico-alquímicos musulmanes conservados en la biblioteca del Escorial, decidió fundar su escuela y laboratorio Sothis, dedicado al estudio, práctica y enseñanza de la antigua medicina-alquímica del al-Andalus.

Fue durante esa etapa cuando muchos alumnos de toda España, tanto profesionales de la salud, como amantes de la alquimia y buscadores de la Verdad en general, tuvimos el honor de conocerle.

Si no se puede entender la vida de un hombre sin entender sus motivos últimos que guían sus actos en lo más profundo de su corazón, creo poder afirmar, que fue la búsqueda de la Verdad y de la Unidad, tras la aparente diversidad de los fenómenos de este mundo lo que constituía el impulso más profundo que guiaba a Yabir durante su vida y como instrumento y expresión de este impulso, era la alquimia su pasión.

En su camino bebió de diversas fuentes, conociendo personalmente y recibiendo enseñanzas de Eugéne Conseliet, que fue el discípulo directo del maestro Fulcanelli, considerado un adepto y el más grande alquimista del siglo XX.

Como buen alquimista, su vida fue intensa y rica en múltiples experiencias de toda índole, lo que constituye el camino de todo alquimista verdadero.

Fue Yabir un hombre de una profunda religiosidad y espiritualidad, sin ninguna afectación ni intento de apariencia, su carácter era vital y expansivo, con una buena dosis de fuego, sobre todo en lo tratante a las falsedades y las injusticias, pero como ya he expresado, ponía en todo por encima a Allah, considerándose tan solo su servidor y buscando siempre la Única Realidad, tras el caos aparente de las experiencias y la vida.

Sobre su espiritualidad contaré la siguiente anécdota que resonó profundamente en mi alma: al preguntarle cierta persona si creía en Dios, ésta se sorprendió mucho al contestarle Yabir, que no creía, al preguntarle de nuevo que cómo era esto posible, Yabir le contestó que no creía porque tenía la certeza absoluta de que Dios existía, no creía porque sabía que Dios existía y saber es distinto de creer.

Por lo demás no soportaba la falsedad en lo relacionado con la espiritualidad y el conocimiento; aborrecía todos los abusos y mistificaciones de la llamada New Age y el maremagnum de pseudofilosofías, supuestamente liberadoras del ser humano.

No puedo terminar esta escueta glosa, sin decir algunas palabras sobre su ingente obra.

Yabir, gracias a su profundo conocimiento del árabe clásico, así como del hebreo y arameo, estudió a los principales filósofos musulmanes medievales, especialmente los que bebían de fuentes pitagóricas y neoplatónicas y, que podemos considerar dentro del pensamiento hermético.

Estudió fundamentalmente a Dul Nun el Misri, Ibn Masarra y, al filósofo, alquimista y médico nazarí del siglo xv llamado Abu Ismael Abdullah ash Shamsi, el cual constituyó una de las fuentes principales de su pensamiento y, cuyas obras tenía el proyecto de traducir al español, trabajo lamentablemente truncado por su pérdida.

Estudió también con gran profundidad, la obra de Ibn Arabí de Murcia, que tal vez sea el más grande gnóstico sufí del Al Andalus y, del que le interesaba, particularmente, los secretos de los Nombres de Allah.
Debido a todos estos estudios pudo recuperar la tradición terapéutica de los Hakim andalusíes, tanto en su aspecto espagírico y de laboratorio, como teúrgico, en la que esta tradición tiene del estudio del poder de la Palabra, la Escritura y los Nombres Divinos.

Recuperó esta tradición, la sistematizó y la transmitió durante años a numerosos alumnos. Siendo, no obstante, un maestro sutil, sabía enseñar conforme a la disposición del corazón y de la mente de cada uno.

No se ancló en el pasado, sino que emprendió nuevas investigaciones, tanto en espagiria de laboratorio, como en lo estrictamente filosófico; pudo hablar, por ejemplo, en espagiria, de la elaboración espagírica de los elixires florales del doctor Bach.

Así como la recuperación y absorción del verdadero oro potable según los alquimistas de Felipe II y, la elaboración de un sistema de 28 esencias realizadas con una combinación adecuada de oro y plata espagíricos, en resonancia con las 28 fases lunares y las 28 letras del alifato y por lo tanto con los 28 aspectos del Alma del Mundo y los fenómenos asociados a ellos.

En filosofía, propiamente dicho, es de sumo interés su versión a la lengua árabe de las llamadas “tablas del Rey Salomón” adaptadas al hebreo y, de gran utilidad, tanto en teurgia como en el conocimiento de las relaciones ocultas entre los fenómenos.

Así mismo, es interesante su estudio del significado filosófico del cálculo diferencial e integral y de su aplicación a la descripción de las fases de coagulación del ser humano en el vientre materno.

Muchas otras cosa podría seguir escribiendo del que, como he dicho, fue mi maestro y mi amigo, pero por ello no tendría más remedio que escribir una entera biografía y, no es este el objetivo de este limitado retrato, solo puedo decir que estoy seguro que la Divina Justicia le habrá permitido realizar su anhelo y, contemplando la Verdad, gozará de la paz de los Santos. Descanse en Paz Abu Omar Yabir, un maestro y amigo.

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Publicado el 30/04/2015 en CONVOCATORIAS Y EVENTOS y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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