La cocina de mi infancia


Casa Decor Cocinas 2016

Es curioso cómo funciona nuestro sistema según los lentes con los que veamos las cosas, el mundo en el que crecimos y el contexto.

Ayer fuimos a escuchar a mi amigo Javier  que daba una conferencia sobre las casa del futuro en casa-decor.

La sensación  al salir un tanto desesperanzadora!

Realmente el mundo y la tecnología va cambiando a pasos vertiginoso, cada vez todo más robotizado; lo que me llevo a un shock interior ya que durante el día había estado leyendo y estudiando sobre la humanización de la clínica y la importancia de la persona en el ámbito sanitario… pero eso lo dejo para otra reflexión!

Era como si  lo que estaba viviendo en el día me estuviera mostrando dos posibilidades opuestas. Interesante, sin duda, las dos realidaes que viven y coexisten en mi ser.

Al salir de la conferencia, una pequeña visita por el lugar, texturas, contrastes, telas, ambientes y al final una cocina que llamó mi atención,

Una cocina como la de mi infancia, con una tarima blanca y dos cortinillas.

El escenario se describe como una cocina Wabi Sabi en la que se mezcla lo rústico con la tecnología moderna de los electrodomésticos.

Mientras tanto en mi cabeza

Pasaban a modo de recuerdo

las casas de mi barrio,

Imágenes de  casas y pueblos humildes de Colombia

donde justo estas cocinas hacen parte de “la pobreza”.

 

 

Una tarima blanca,

cortinas para tapar el mercado,

sillas de aluminio

y una mesa de madera reciclada.

Qué te evoca?

Definitivamente  cada uno ve con los lentes de su contexto, de su historia personal

A veces, es un buen ejercicio salirse del círculo que uno siempre ha visto

para ver cómo ven otros  la misma realidad.

 

Les dejo una famosa fábula hindú que muestra con absolutra belleza, este tema de la percepción desde la que cada uno ve las cosas.

 

Érase una vez seis hombres sabios que vivían en una pequeña aldea.
Los seis sabios eran ciegos. Un día alguien llevó un elefante a la aldea. Los seis sabios buscaban la manera de saber cómo era un elefante, ya que no lo podían ver.
“Ya lo sé”, dijo uno de ellos. “¡Palpémoslo!”. “Buena idea”, dijeron los demás. “Ahora sabremos como es un elefante”. Así, los seis sabios fueron a “ver” al elefante. El primero palpó una de las grandes orejas del elefante. La tocaba lentamente hacia adelante y hacia atrás. “El elefante es como un gran abanico”, gritó el primer hombre. El segundo tanteó las patas del elefante. “Es como un árbol”, exclamó. “Ambos estáis equivocados”, dijo el tercer hombre. “El elefante es como una soga”. Éste le había examinado la cola.
Justamente entonces el cuarto hombre que examinaba los finos colmillos, habló: “El elefante es como una lanza”.
“No, no”, gritó el quinto hombre. “Él es como un alto muro”, había estado palpando el costado del elefante. El sexto hombre tenía cogida la trompa del elefante. “Estáis todos equivocados”, dijo. “El elefante es como una serpiente”.
“No, no, como una soga”.
“Serpiente”.
“Un muro”.
“Estáis equivocados”.
“Estoy en lo cierto”.
Los seis hombres se ensalzaron en una interminable discusión durante horas sin ponerse de acuerdo sobre cómo era el elefante.

Probablemente esta historia te ha hecho sonreír, ya que, ¿Cuál es el problema?
¡Eso es! Cada hombre podía “ver” en su mente sólo lo que podía sentir con sus manos. Como resultado cada uno se reafirmaba en que el elefante era como él lo sentía.

 

 

 

 

 

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Publicado el 28/05/2016 en Un café con Alejandra y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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