Educar a conciencia 


Hace ya 400 años, John Amos Comenius definió la educación como el arte de hacer germinar la semilla interior en cada alumno y que se desarrolla no por incubación sino cuando se estimula con oportunas experiencias, suficientemente variadas, ricas y sentidas siempre como nuevas, incluso por quién las enseña.

 Según él, la educación debe ser comprensiva, no memorística,  y un proceso para toda la vida, que integre las actividades creativas humanas y sus principios para una amplia reforma social basada en la unión de la teoría, la práctica y la crisis (estímulo para el pensamiento).

 Han existido otros pensadores que se han atrevido a formular cambios en el modelo didáctico establecido. De las aportaciones que hicieron en su día Rousseau, Dewey,  Montessori o Rudolf Steiner  podemos intuir que existe otro modo de educar que tiene en cuenta el cuerpo como un todo, no pretende dar solamente conocimientos memorísticos y tiene en cuenta la dimensión espiritual del individuo.

 En esta linea, Ramón Gallegos Nava es doctor en educación y ha publicado 20 libros sobre “educación holística y espiritualidad”. En sus obras manifiesta la necesidad de desarrollar seres humanos integrales que sean capaces de considerar la espiritualidad como un aspecto igual de importante al desarrollo económico, científico y tecnológico a través de la sustentabilidad.

 Necesitamos entrar a una nueva etapa en el desarrollo de la humanidad. Durante los últimos años la humanidad se preocupó únicamente por su desarrollo científico y tecnológico. En la carrera por ser los primeros en obtener mejores máquinas, construir ciudades y conquistar la naturaleza, el ser humano suprimió en gran parte sus necesidades e inquietudes interiores. Esto trajo una serie de problemas que hoy resultan evidentes. Ahora experimentamos la necesidad de cambiar de enfoque hacia el desarrollo de la propia conciencia, hacia el desarrollo espiritual.

 La espiritualidad no siempre ha sido entendida por todos de manera correcta. Ha sido confundida, a veces, con otros aspectos de la experiencia humana.

Espiritualidad no es religión. Creer o no creer en Dios no tiene relación directa con la espiritualidad, porque la creencia está a un nivel de pensamiento, y lo espiritual trasciende la dimensión cognitiva. La espiritualidad no se basa en creer en creencias religiosas, sino en la experiencia directa de lo trascendente.

 La espiritualidad no es psicología. Algunos educadores proponen que la espiritualidad deberíamos entenderla en términos psicológicos, como pensamientos y sentimientos, pero esto no es la esencia de la espiritualidad; cuerpo, mente y pensamientos cambian, mientras que la espiritualidad permanece como aquello a lo que recurrimos para encontrar significado a la vida. Espiritualidad no es lo paranormal. Tratar de definir la espiritualidad asociándola a fenómenos como la telepatía, la clarividencia, la levitación, no proporciona el objetivo de la vida espiritual.

 Enseñar y aprender debe responder al principio básico de que todo conocimiento debe ser usado para el bien común. El conocimiento holista no es una transmisión de técnicas o métodos que puedan ser usados desconectados de la vida en la tierra, al contrario debe ser usado con un sentido de compasión hacia todos los seres. Solo entonces podemos decir que hay un genuino despertar de la conciencia.

 Espiritualidad es darnos cuenta que no estamos separados de los demás, que lo que nos sucede a nosotros les sucede a los demás y que lo que les sucede a los demás nos sucede a nosotros.

  La espiritualidad permite vivir responsablemente, hace a los seres humanos pacientes, abiertos, accesibles, comprensivos, creativos.

 La conciencia espiritual es la que nos permite conducir bien la propia vida, con responsabilidad de los pensamientos, sentimientos, acciones y valores, teniendo en balance los propósitos materiales y el desarrollo emocional, intelectual y espiritual. Mientras que animales y ordenadores muestran evidencias de inteligencia emocional e intelectual, la inteligencia espiritual es de exclusividad humana.

 El objetivo de la educación holista es desarrollar en los estudiantes la conciencia espiritual. Hemos alcanzado un nivel de desarrollo técnico y científico que, para poder continuar requiere entrar en el nivel más alto de la inteligencia humana, y este nivel es el espiritual.

 La conciencia espiritual es lo que nos permite superar el sufrimiento, salir fortalecido de las etapas dolorosas de la vida, sanar nuestras heridas psicológicas, emocionales y existenciales y vivir la vida con un sentido de servicio desinteresado por lo demás. Por lo que en educación holista debemos, entonces, poner énfasis en el desarrollo de habilidades que nos permitan equilibrar todas las dimensiones humanas.

 

 Las propuestas de Claudio Naranjo sobre este tema no distan mucho de las de Ramón Gallegos Nava. Están recogidas en su libro Cómo cambiar la educación para cambiar el mundo”.

 Está convencido que la educación será nuestra mejor esperanza, pero de ninguna manera la educación que tenemos. El sistema educativo, por lo menos en Occidente, es un fraude, un sistema deshumanizado, automatizado y globalizado que se encuentra a merced de una fuerza invisible y poderosa que controla el dinero. «No es la guerra, ni la política ni el mercado: sólo una educación más humana puede transformar la sociedad».

 El psiquiatra chileno opina que tenemos el mundo que tenemos porque tenemos la educación que tenemos. Necesitamos una educación que nos inste a dejar atrás modos de pensar y vivir peligrosamente obsoletos. Él cree que hay que cambiar al maestro para mejorar la educación. Se supone que un profesor es una persona que ha alcanzado un desarrollo suficiente como para poder educar y no solamente ser una máquina de transmitir información. Los educadores no se sienten en esa abundancia interior, se sienten bastante raquíticos como personas, y si hablamos en términos psiquiátricos, bastante enfermos.

 Los formadores precisan aprender lo que las universidades no le ofrecen: emprender un camino hondo de autoconocimiento, de sanación para convertirse en personas plenas, ancladas en su esencia; individuos con vínculos sanos. Su teoría es que, si un maestro quiere enseñar a su alumno a ser libre, pacífico u honrado, él debe primero trabajar sobre sí mismo para alcanzar estas virtudes y luego transmitirlas.

 La escuela, según Naranjo, se usa para domesticar, y sólo produce personas egoístas, niños que no son capaces de ser felices. No está de acuerdo con el sistema de exámenes y deberes, y señala que el aprendizaje debe partir de la curiosidad natural de los niños, de su deseo de aprender. El método de repetir una y otra vez sólo sirve, según Naranjo, para reducir el deseo natural de aprender y matar la curiosidad. Los colegios deben transmitir conocimientos y estimular el desarrollo de habilidades, pero sin descuidar la individualidad de cada alumno, sus aptitudes y deseos. Si vivimos desconectados de nosotros mismos, siempre buscaremos llenar un vacío interior en el exterior.

 Aquí un video de Claudio Naranjo.

 Pincha para ver PARTE 2

 Cambiar la Educación para Cambiar el Mundo. Claudio Naranjo cap.4  Pincha aqui

Cambiar la Educación para Cambiar el Mundo. Claudio Naranjo cap. 5 Pincha aqui

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Publicado el 30/08/2009 en Educación en valores y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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